Proteínas II: apetito y regulación homeostática

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Sources of protein, including cheese, eggs, fish, lamb, chicken and beef. Isolated on white.

Proteínas II: apetito y regulación homeostática

Hace unos días comencé una serie dedicada a las proteínas, en un primer capítulo centrado en el efecto termogénico de este macronutriente.

Para comprender el mecanismo que las proteínas siguen en sus rutas metabólicas el siguiente paso es hablar del efecto que provocan en apetito y regulación homeostática.

El efecto de las proteínas sobre el apetito

Aunque el apartado de “saciedad” va a ser tratado en mayor profundidad, he querido recoger en el apartado dedicado a la termogénesis dos aspectos que creo guardan estrecha relación con este tema.
Podemos decir que existe una doble vertiente en la que las proteínas ejercen su efecto sobre el apetito.
En primer lugar, a través de un mecanismo de regulación homeostática de la dieta para asegurar el aporte proteico con el fin de mantener necesidades corporales. En segundo lugar, a través de determinadas propiedades que a las proteínas tener un mayor poder saciante y que llevan a reducir la ingesta energética diaria.

Regulación homeostática

Existe un mecanismo específico para el apetito que tiene como objetivo tanto mantener las necesidades proteicas, como evitar su exceso (1). Este concepto se resumen en la hipótesis de apalancamiento de las proteínas, lo que sugiere un apetito específico que se activará cuando la densidad de este macronutriente en las comidas sea bajo (2). Esta hipótesis sugiere un mecanismo que une la ingesta de proteínas de la dieta al balance energético.

Tenemos los estudios de Gosby et al (3) para confirmar lo anterior y los de Martens et al (4). En relación al primero, se trata de un estudio aleatorio cruzado con tres grupos durante 4 días en condiciones ad libitum, con dietas del 10%, 15% y 25% de proteínas como fuente energética. En los grupos en los que el porcentaje de proteínas representaba menos del 15% la energía ingerida durante el día se incrementó un 12% +/- 4.5% (+ 259 kcal). Sin embargo, a pesar de este incremento energético, las proteínas no representaron nunca más de 15% del total.
Cuando las proteínas ponderaban en la dieta el 25%, la ingesta energética se mantuvo sin cambios.
Es decir, una dieta baja en proteínas condujo a los sujetos a comer más durante el resto del día.

El estudio de Martens et al (5), comparó dietas en condiciones ad libitum durante 12 días, con distribuciones proteicas del 5%, 15% y 30%. Sin cambios observados en los dos primeros grupos. En el caso de los sujetos con dietas con el 30% de proteínas, la ingesta energética fue de media 576 kcal menor durante el día.
En este caso, los individuos con dietas más bajas en proteínas no comieron más, pero los que en su dieta supuso el 30% del total de energía, se acabó la jornada con unas cantidades de calorías muy inferiores. Una dieta más alta en proteínas les hizo comer menos.

Regulación no específica

En este segundo grupo incluimos factores derivados del comportamiento/ambientales, hedónico (de recompensa) y homeostático.
Nos referimos a marcadores hormonales periféricos que influyen en la ingesta de energía (6). La proteína dietética es un estímulo eficaz de liberación o inhibición de muchos de estos péptidos.
Por ejemplo, la Grelina, provoca un incremento de la sensación de hambre. Acerca del impacto que la proteína dietética causa en la liberación de esta hormona no está del todo confirmado, pero merece la pena no descartar nada (7).
El péptido YY (PYY) y Glucagón 1 (GLP-1) están relacionados con la sensación de saciedad y reducción de ingesta energética. Tanto PPY como GLP-1 están relacionados con la ingesta de varios nutrientes, especialmente procedentes de la proteína de los alimentos (8)
Existe evidencia de la relación entre las dosis-respuesta entre la cantidad de proteínas y la magnitud de la respuesta de PPY y GLP-1 (8)

Datos en cámaras de respiración

Siguiendo con el efecto termogénico de las proteínas, como hemo dicho, éstas tienen la capacidad de influir en el balance energético e incremento del gasto en basal. Factores que pueden influir en gran medida en la pérdida de peso y grasa.
Tenemos acceso a los datos que reflejan resultados en cámaras de respiración (8). Los resultados mostraron como dietas HP aumentaron el gasto energético. Los aminoácidos, en comparación con grasas o carbohidratos, es catabolizado de forma menos eficiente, produciendo menores cantidades netas de ATP (8).
Sobre la base de los estudios de toxicidad en estas cámaras de respiración se ha concluido que las proteínas inducen a una mayor sensación de saciedad como resultados del incremento en el consumo de oxígeno y temperatura corporal (8)

  1. Gosby AK, Conigrave AD, Raubenheimer D, Simpson SJ. Protein leverage and energy intake. Obes Rev 2014;15:183–91
  2. Gosby AK, Conigrave AD, Lau NS, Iglesias MA, Hall RM, Jebb SA, Brand-Miller J, Caterson ID, Raubenheimer D, Simpson SJ. Testing protein leverage in lean humans: a randomised controlled experimental study. PLoS ONE 2011;6:e25929
  3. Martens EA, Lemmens SG, Westerterp-Plantenga MS. Protein leverage affects energy intake of high-protein diets in humans. Am J Clin Nutr 2013;97:86–93
  4. Lancha A, Fruhbeck G, Gomez-Ambrosi J. Peripheral signalling involved in energy homeostasis control. Nutr Res Rev 2012;25:223–48
  5. Foster-Schubert KE, Overduin J, Prudom CE, Liu J, Callahan HS, Gaylinn BD, Thorner MO, Cummings DE. Acyl and total ghrelin are suppressed strongly by ingested proteins, weakly by lipids, and biphasically by carbohydrates. J Clin Endocrinol Metab 2008;93:1971–9
  6. Batterham RL, Bloom SR. The gut hormone peptide YY regulates appetite. Ann N Y Acad Sci 2003;994:162–8.
  7. Belza A, Ritz C, Sorensen MQ, Holst JJ, Rehfeld JF, Astrup A. Contribution of gastroenteropancreatic appetite hormones to protein-induced satiety. Am J Clin Nutr 2013;97:980–9
  8. Westerterp-Plantenga MS, Rolland V, Wilson SA, et al. (1999) Satiety related to 24 h diet-induced thermogenesis during high protein/carbohydrate vs high fat diets measured in a respiration chamber. Eur J Clin Nutr 53, 495–502

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